CERCADO

“¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:10, 11).
 
Lectura: Job 1:6-12.
 
Satanás tenía razón. Dios había cercado a Job y a todo lo que tenía. Por ello entendemos que Dios había puesto un muro de protección alrededor de la casa, la familia, los campos, los animales, y todos los bienes de Job. Satanás no tenía acceso; no podía hacerle daño de ninguna manera. No podía tocar sus finanzas, su familia o su salud. No podía quitarle su paz o su bienestar espiritual. No podía hacer descender su oscuridad satánica sobre él. No lo podía invadir de ninguna manera. Para tener acceso a Job, Satanás tenía que pedir a Dios que le quitase el muro de protección. Evidentemente lo mismo es cierto de nosotros. Somos impregnables contra todos los planes del maligno a no ser que Dios le dé permiso a invadir nuestro terreno. Lo que Dios no hará nunca es darle permiso a quitar nuestra salvación o tocar nuestro espíritu. Jesús dijo: “No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mat. 10:28).
 
En el libro de Apocalipsis vemos el mismo principio: “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de este se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente” (Apoc. 16:12). El río Éufrates era la cerca natural de Jerusalén que la protegía de ejércitos invasores. Cualquier país que quería invadir a Israel no podía atacar de este lado. En este versículo vemos que Dios secó el río dando acceso, permiso, a los reyes del oriente a invadir a Israel: “y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (Apoc. 16:16) para atacar Jerusalén.
 
Muchos creemos que en los últimos tiempos pasará algo semejante. Dios quitará la protección del “Israel de Dios”, la Iglesia, y todas las naciones bajo el mando de la Bestia, tendrán acceso a ella para invadirla. No será con un ejército físico porque la Iglesia no está ubicada en un lugar geográfico, sino esparcida por toda la tierra. En todos los países del mundo hay creyentes fieles al Señor Jesús. Entonces, ¿cómo será atacada? Por la política, la ideología, y por las religiones falsas, es decir, por la Bestia, el Dragón, y el falso profeta. Los creyentes de África y Asia ya están siendo atacados por el islam, el budismo, y el hinduismo radical. Iglesias están siendo quemadas y creyentes matados. Las religiones que van a por la Iglesia del occidente son el ateísmo y la falsa versión del cristianismo. Jesús lo profetizó (Mat. 24:9-14). Las cosas irán muy mal para la Iglesia. El amor de muchos que profesan ser creyentes se enfriará y se entregarán unos a otros a las autoridades civiles. Los falsos creyentes odiarán a los verdaderos. Otros, viéndolo, se apartarán de la fe. Habrá gran confusión por los falsos profetas y todo el mundo aborrecerá a los verdaderos.
 
Velemos. En los últimos tiempos Dios quitará la cerca de la Iglesia y Satanás invadirá. Lo permitirá para purificar a la Iglesia y para poner en evidencia a los que realmente son de Cristo y los que no lo son. Los unos serán santificados y a los otros los perseguirán (Mat. 24:13). El que no se aparte de Cristo en medio de todo esto tan tremendo será salvo. En medio de esta gran persecución, el Evangelio será predicado a todas las naciones “y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Cuando veamos todas estas cosas, el fin está cerca. 

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