EL LIBRO DE AMÓS (13)

“Israel, ¿acaso era a mí a quien traías sacrificios y ofrendas durante los cuarenta años en el desierto? No, servías a tus dioses paganos, Sicut, tu dios rey y Quiyún, tu dios estrella, las imágenes que hiciste para ti mismo. Por lo tanto, te mandaré al destierro, a un país al oriente de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es el Dios de los Ejércitos Celestiales” (Amós 5:25, 26, NTV).
 
Lectura: Amós 6:1-7.
 
¡Cuánto sufrimiento le ha causado su pueblo al Dios que lo sacó de Egipto! Dios está airado y dolido. Ha sido menospreciado desde el principio de la historia de su pueblo. Nada más ver sus milagrosos juicios sobre los egipcios, los israelitas volvieron a la idolatría, y esto nunca había cambiado. Profesando servir a Dios, su deleite estaba en sus ídolos. Se creían ser el pueblo de Dios mientras practicaban la idolatría. Como decía Isaías: “Este pueblo de labios me honra; pero su corazón está lejos de mí” (Is. 29:13; Mat.15:8). Es fácil engañarnos a nosotros mismos cumpliendo con lo externo mientras nuestro corazón no está en ello. La consecuencia de su doble vida les iba a costar la deportación al exilio.
 
“¡Qué aflicción les espera a ustedes que están a sus anchas en medio de lujos en Jerusalén, y a ustedes que se sienten seguros en Samaría!” (6:1). Este nuevo oráculo (6:1-14) se dirige a los lideres del pueblo cuya influencia afectaba muy directamente a todos. Habían organizado la religión en base a su autoindulgencia. Su religión era muy cómoda; no estorbaba para nada su autosatisfacción. Un cristianismo que no cuesta nada no vale nada. El profeta describe su modo de vida: “No quieren pensar en el desastre que viene, pero sus acciones sólo acercan más el día del juicio. Qué terrible será para ustedes que se dejan caer en camas de marfil y están a sus anchas en sus sillones, comiendo corderos tiernos del rebaño y becerros selectos engordados en el establo. Entonan canciones frívolas al son del arpa y se creen músicos tan magníficos como David. Beben vino en tazones llenos y se perfuman con lociones fragantes. No les importa la ruina de su nación” (6:4-6). Se amaban más a sí mismos que al bienestar del pueblo al que, supuestamente, servían. La injusticia no les preocupaba siempre y cuando ellos estuvieran bien. Es como el pastor que no se preocupa por el estado de la iglesia mientras él pueda comer bien y descansar. Motyer escribe: “Los líderes comprometen a los demás por el liderazgo que ejercen sobre la comunidad, de modo que, si su liderazgo es bendecido por Dios, también su pueblo participa de esa bendición; si su liderazgo acarrea la ira divina, nunca van solos a la condenación”: “Cuando el Señor dé la orden, las casas, tanto grandes como pequeñas, serán reducidas a escombros” (6:11). El líder tiene mucha responsabilidad. Todos influimos en todos. Nadie es una isla.

Copyright © 2022 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.