EL DISEÑO DE DIOS (12)

“Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17, 18).
 
Lectura: 2 Cor. 6: 14-18.
 
La solución para salvarnos de la amenazante invasión del mundo es la de huir, de salir de en medio de ellos, de apartarnos, no físicamente, sino moralmente. Aunque nuestra casa está en la misma calle con ellos, nuestro hogar ha de ser diferente, un modelo de la sociedad de Dios, del reino de Dios, en medio de la creciente oscuridad.
 
En esta serie acerca del diseño de Dios para la mujer en los tiempos en que vivimos, hemos hablado de la sociedad que nos rodea, el matrimonio cristiano, la familia, los hijos y la vida cotidiana del creyente. Ahora vamos a tocar nuestra relación con la iglesia, nuestra relación con otros creyentes y nuestra relación con Dios.
 
Para tener una vida cristiana coherente a pesar de las fuertes presiones de parte de la cultura en la cual estamos inmersos, necesitamos la comunión del pueblo de Dios. Como creyentes formamos parte de otro reino, del reino de Dios, con su cultura propia.
 
Nuestra relación con la Iglesia.
La Iglesia es un modelo del reino de Dios aquí en la tierra, en territorio hostil. Cristo enseñó el evangelio del reino: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir. Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 4: 17. “Después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). Su enseñanza se centró en él. Un reino tiene un rey, una ley, una sociedad, una cultura, un idioma, una mentalidad, y unas costumbres. Ser de Cristo es formar parte de su reino: (Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1: 13, 14). Somos una nación santa: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios” (1 Pedro 2: 9, 10. No estamos solos.
 
Formamos parte de un pueblo. Cristo es nuestro Rey. La Biblia es la Ley del reino. La sociedad es la Iglesia. La cultura es el comportamiento cristiano. El idioma es el amor. La mentalidad es Cristo. Y las costumbres consisten en vivir como Cristo. El cristiano forma parte de este reino. El mundo, en cambio, tiene su propia cultura. Tiene un gobierno humano sin Dios; tiene sus leyes, lo políticamente correcto; la mentalidad es la de la tolerancia (de todo, menos el evangelio) o la de la ideología de género; la cultura es hacer lo que hace todo el mundo; el idioma es “Yo primero”; la mentalidad es buscar mi propia felicidad; y las costumbres se centran en el materialismo. El cristiano no es del mundo, sino ciudadano del reino de Dios.  
  

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