LAS PRUEBAS

“… aunque ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6, 7).
 
Lectura: 1 Pedro 1: 1.1-9.
 
Aquí abajo, es mi felicidad,
Al encontrarme con muchas cruces,
Descubrir el poder del Salvador,
Que santifica cada pérdida.
Las pruebas han de venir, y vendrán,
Pero con fe humilde vemos
El amor inscrito en cada una de ellas.
Esta es mi felicidad.
 
Dios en Sion siembra las semillas
De aflicción, dolor y fatiga;
Estas brotan, y ahogan las malas hierbas
Que de otra manera cubrirían la tierra:
Las pruebas hacen dulces las promesas;
Las pruebas vivifican la oración;
Las pruebas me llevan a Sus pies,
Me postran y sujetan allí.
 
Si no tuviese pruebas aquí,
Ni ninguna reprimenda por el camino,
¿No tendría motivo para temer
Que Dios me trata como a un reprobado?
Algunos parecen escapar la vara,
Hundidos en vanas delicias mundanas;
Pero el verdadero hijo nacido de Dios
No debe evitarla, ni lo haría aunque pudiera.
 
                        William Cowper, 1731-1800
 
El creyente entiende que las pruebas son necesarias y, aun si pudiese evitarlas, no lo haría, porque aportan tantos beneficios: le acercan al Señor y su Palabra. Le obligan a agarrarse a las promesas de Dios, le humillan delante de Dios, le llevan postrado a los pies de Jesús en reverente y humilde adoración, intensifican su dependencia en Dios, y le muestran la profundidad del amor del Señor. Finalmente, sirven como confirmación de que es un verdadero hijo de Dios: “¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (Heb. 12:7, 8). Gracias a Dios por ellas.

Copyright © 2022 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.