EN DEFENSA DEL DÍA DEL SEÑOR

“El sábado fue hecho por causa del hombre” (Marcos 2:27).
 
Lectura: Marcos 2:23-28.
 
Dios nos ha dado el día del Señor como regalo suyo para refrescarnos en su presencia y recibir fuerzas para continuar sirviéndolo hasta el próximo día del Señor. Dios mismo ama el día en que descansó después de terminar la obra de la creación. Bajó a la tierra ese día para caminar con las criaturas que había creado en la hermosura del Huerto de Edén. Desde la resurrección del Señor Jesús en el primer día de la semana, la Iglesia siempre ha dejado el trabajo cotidiano para dedicar este día a buscar a Dios y tener comunión con Él. El Señor Jesús apareció a dos de sus discípulos el domingo de resurrección en el camino a Emaús (Lucas 24:13), y luego a todos ellos aquella misma tarde (Juan 20:19). El domingo siguiente se puso entre todos ellos y con su inefable gracia y misericordia se reveló a Sí mismo al incrédulo Tomás (Juan 20:26). El Espíritu Santo fue derramado en Pentecostés el día del domingo y fue un domingo cuando el Señor visitó a Juan en su exilio en la isla de Patmos, lejos de la congregación de los santos, y le dio la revelación que tenemos en el libro de Apocalipsis. El domingo es un día que Dios guarda para traer bendición a su pueblo.  
 
El mundo ha invadido este día con sus contraofertas de placeres, y muchos creyentes han asimilado sin protesta la desviación de la práctica apostólica, pero no todos. Cuando su pastor anunció que iban a reorganizar los cultos del domingo para dar tiempo a la gente a ir a la playa, una señora le avisó que esto iba a vaciar a la iglesia por la tarde, y el tiempo le ha dado la razón. Otras iglesias han eliminado por completo el culto de la tarde para dedicar el tiempo a la familia, pero no todas. A mediados del siglo XIX un pastor (R. M. McCheyne) protestó enérgicamente por la invasión del mundo en este día sagrado y predicó un mensaje apasionado a su congregación para advertirles del peligro. Comparto su introducción:
 
“Queridos conciudadanos y compatriotas, como siervos de Dios en este oscuro y tormentoso día me siento constreñido a levantar mi voz en defensa de la eterna santificación del día del Señor. Los atrevidos ataques que hacen algunos de los directores del ferrocarril Edimburgo-Glasgow contra la ley de Dios y la paz de nuestro descanso dominical, tal como se ha venido observando por muchos años en Escocia, la blasfema modificación que pretenden proponer a los accionistas el próximo mes de febrero, y los nefandos folletos que están actualmente circulando a miles, llenos de toda suerte de mentiras e impiedades, invitan fuerte a un sereno y deliberado testimonio de todos los fieles ministros y cristianos más sencillos en defensa del día del Señor. En nombre de todo el pueblo de Dios en esta ciudad y en este país presento ante vuestra consideración las siguientes razones para amar y respetar el día del Señor”.
 
Me pregunto cómo McCheyne reaccionaría y qué acción tomaría hoy frente a las muchas cosas de nuestra sociedad que afrentan la práctica de la ley de Dios, no solamente invadiendo a nuestras iglesias, sino también al hogar cristiano, al lugar de trabajo y al colegio de nuestros niños. Gracias por las voces que se levantan en oposición a la política atea que atenta contra lo que Dios ha prescrito para nuestro temporal y eterno bien.   

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