LOS CINCUENTA DÍAS (5)

“Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús” (Juan 21:20).
 
Lectura: Juan 21:20-25.
 
Curioso el detalle que Juan estaba siguiendo a Jesús mientras hablaba con Pedro de la muerte que iba a sufrir. “Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué a éste?” (21:21). Quería saber qué clase de muerte le iba a tocar a Juan. El Señor, con un poco de humor, le contestó: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”. O sea, si quiero que viva 2000 años, ¿a te qué te importa? “Sígueme tú”. Pedro ya tenía suficiente con mantenerse en el camino sin tener que ocuparse de Juan también. Ya sabemos por experiencia que no nos conviene comparar nuestra suerte con el de al lado: “¿Por qué tengo yo que sufrir mucho si el otro lo tiene fácil? Todo le va bien para él, mientras que yo tengo que pasar desgracia tras desgracia”. Es muy humano pensar así, pero el Señor no lo quiere. Quiere que confiemos en Aquel que elige el curso de nuestra vida y que lo aceptemos de su mano sin compararnos con nadie. La pregunta nuestra es más bien: “¿Cómo voy yo en mi seguimiento de Jesús?”.
 
Pedro entendió mal lo de Juan. Pensaba que Jesús estaba diciendo que Juan no iba a morir y que el Señor Jesús iba a volver en el curso de su vida. Se ve que lo iba diciendo, porque esto es lo que la iglesia creía, que Jesús iba a volver pronto. Claro, al ver que tardaba, algunos tendrían dudas. Sería una piedra de tropiezo para su fe, ¡por culpa de Pedro! Juan lo aclara para sus lectores: “Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? (21:23). Estas complicaciones ocurren cuando nos metemos en lo que le toca al hermano. 
 
Esto aclarado, Juan firma el evangelio que ha escrito: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero” (21.24). Fue un testigo ocular. Aunque el evangelio parece demasiado maravilloso para ser cierto, ¡lo es! El testimonio de Juan es veraz.
 
Lo que sigue y concluye su libro es un breve resumen de las obras de Jesús: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (21:25). En su evangelio Juan se limitó a explicar en detalle unos pocos botones de muestra de entre todas las cosas que Jesús hizo y sus implicaciones, y ya vemos que el resumen de un solo incidente ocupa todo un capítulo. Por ejemplo, ¡la curación del ciego de Juan 9 ocupa 41 versículos! Pero estos ejemplos que él selecciona son suficientes para llevarnos a la fe, y esto es lo que le interesa: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:31).
 
Qué obra más preciosa hizo el Espíritu Santo en Juan. El motor de su vida era que muchos creyesen en Cristo y tuviesen la vida eterna. Terminó siendo como su Maestro. Pero para ello, el Espíritu Santo tuvo que venir. A esto llegaremos. Jesús realizó su cometido con Juan. Ahora el Espíritu Santo haría el resto.