EL EVANGELIO DEL REINO (14)

“También el reino de los cielos es semejante a una red barredera que, echada al mar, recoge toda suerte de peces” (Mat. 13:47).
 
Lectura: Mateo 13:47-50.
 
Esta parábola, la de la red barredera, contiene muchas de las ideas que ya sabemos de las otras parábolas: que el reino de Dios siempre está creciendo; que hay personas que parecen ser de Cristo, pero que no lo son; que los creyentes y no creyentes conviven hasta el día final, que habrá una separación definitiva de justos e injustos de parte de los ángeles. Esta parábola se parece bastante a la de la cizaña.
 
Esta vez, en lugar de ser comparado al trabajo del agricultor, el reino de Dios es comparado al trabajo del pescador, como lo eran muchos de los discípulos, y se identificarían con él. La proclamación del evangelio se parece mucho a la faena del pescador. Hay diferentes maneras de pescar, con anzuelo o con red. Cuando la red está llena, se lleva a la playa donde se separan los peces buenos para comer de los malos. Como se tarda bastante en separarlos, los “malos” suelen morir antes de que se les pueda poner otra vez en el agua. Pasan directamente de la playa al vertedero.  
 
Hoy por hoy estamos en plena pesca. Cuando la red ya esté llena procederemos a la separación de “buenos” y “malos”. Esto será en el último día. ¿Quiénes son los “malos”? A primera vista, diríamos que son los inconversos, pero según el énfasis de las parábolas que hemos estado considerando, los inservibles para el reino son más bien los que han participado de este grupo de “mixtos”, en el cual todos pretenden ser creyentes, pero muchos no lo son. En el mundo cristiano hay muchas denominaciones y muchas clases de iglesias, cada una con su énfasis especial, y cada una pensando que tiene la verdad. Pero al final no tendremos un examen doctrinal, sino que el factor determinante será si realmente conocimos al Señor, si hacemos la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos: “Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:19-23). Éstos son los que serán separados de los auténticos creyentes en el día final.
 
Miremos el panorama de nuestras iglesias que profesamos ser cristianas. Hay creyentes que aceptaron a Cristo como Salvador, han sido bautizados, pero no viven de acuerdo con las Escrituras. No obedecen al Señor como buenos discípulos. Los hay que viven de acuerdo con la ética del mundo. Los hay que no mantienen la pureza sexual. Hay mujeres que no son modestas. Hay creyentes que no se comportan como tales en el hogar. Hay maridos que no tratan bien a sus esposas. Hay esposas que no respetan a sus maridos. Hay padres que no enseñan a sus hijos la Biblia, ni los disciplinan. Hay niños egoístas, desobedientes, rebeldes y consentidos. Hay pastores que no han sido fieles a sus esposas. Los hay dictadores, asalariados, que no les importan las ovejas, los hay que predican el evangelio de la prosperidad. Y esto es solo en la iglesia evangélica. Fuera de ella hay ritualismo e idolatría, pero también hay creyentes auténticos. Esta parábola enseña que en el último día habrá una separación definitiva.  

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